Una jornada de pesca de reo es siempre para mi un motivo de
nerviosismo, y mas después de la larga espera de este año en que las
lluvias me impidieron pescarlos durante el mejor mes del reo: junio.
Por si fuera poco, mi último día de reos, a pesar de haber conseguido
muchas picadas, fue un dia de esos en los que mejor hubiera sido
quedarse en casa: no clavé un solo pez. Pero este año extraño en la
pesca, presentía que iba a ser diferente.
Eran las 6 AM cuando salimos desde León dirección al Sella, destino
favorito de Isra, mi compañero y el mejor pescador con el que me he
cruzado, y las noticias no podían ser mejores: sol, poco viento y muchos
peces difíciles(así me gustan) en el río. Emprendimos el camino entre
historias de pesca y comentarios de moscas, truchas y los salmones que
se estaban dejando ver este año, nos plantamos en el culero de un pozo
cerca de Ribadesella para esperar el sereno de mañana.

Los peces se cebaban tímidos pero al alcance, y los dejamos
colocarse tranquilamente mientras veíamos amanecer y preparábamos el
bajo de 5 ó 6 m terminado en un 10, imprescindible para engañar a estos
peces y como mosca yo elegí la hormiga de CDC montada en un #20. Isra
falló dos peces pescando muy largo, y cuando un reo se cebo cerca de
mi…llegó el primero de la temporada, el día no podía empezar mejor.

La mañana fue transcurriendo con mas fallos que aciertos y con
alguna truchilla despistada que nos iba alegrando el día hasta que llegó
la invasión en forma de canoas que nos echaban del río y nos obligaban a
darnos un descanso que siempre aprovechamos para ir a comer algo a
Arriondas y cambiar de lugar de pesca por encima del último
“desembarco”.
La tarde se presentó ventosa, pero Isra iba encontrando algunos peces
pegados a las orillas e insistiendo iba logrando algunas picadas y
clavando algún pez, aunque tratándose de reos muchos acababan
escapándose. 
Por mi parte, estuve insistiendo a pez visto y con pequeñas ninfas
hasta conseguir clavar dos reos a  pez visto…esto fue lo mejor del
día, aunque los dos consiguieron partir el bajo al meterse entre los
caleños.

Los reos dejaron de cebarse y aprovechamos para volver a cambiar
de puesto. Eran las 17 h y hasta el momento habían llegado a nuestras
manos cuatro reos, dos por pescador, y otros muchos habían escapado o no
habíamos fallado la clavada. Estaba siendo un buen día de peces
difíciles.
Para terminar, y después de la parada reglamentaria de
avituallamiento en Arriondas, volvimos al mismo pozo a hacer el sereno
de tarde. A las 20 h estábamos en el puesto haciendo la “gaita”,
esperando a que los peces volvieran a colocarse. Isra eligió un pequeño
tricóptero pálido, mientras que yo solamente cambién mi hormiga por otra
igual pero e un #16.
Los peces tardaron una hora eterna en colocarse, una hora en la que
no hice un solo lance al agua, bien aconsejado por mi amigo, que sabía
que no había que molestar a los peces. Una hora en la que la pesca
consistió en no pescar, en la que solo la humildad  me permitió esperar
al río hasta que quiso regalarnos un sereno en el que conseguimos cuatro
reos mas, y otros tantos que se fueron, en 90 minutos escasos de pesca,
hasta que dejaron de cebarse.
 
Es la paradoja del reo, una pesca en la que el que mas pesca es el
pesca menos tiempo. Una pesca que consiste en esperar con la línea
preparada para hacer dos lances, una deriva perfecta y , con suerte,
clavar un reo…sacarlo es otro cantar.

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