Estamos a principios de Octubre, con la
temporada casi finalizada. Decido ir al Cea, rio que no suele deparar muchas
capturas, pero sí de buen tamaño. Al ser un rio regulado, hasta hace 15 días ha
bajado con demasiada agua para pescar a seca, pero ahora está ideal.

Me decido por la zona del pueblo de mismo
nombre que el rio, Cea, con su imponente castillo vigilando nuestros lances. En
los últimos días han bajado bastante las temperaturas nocturnas, así que no
madrugo y llego sobre las 12, cuando el sol empieza a calentar.
Nada más llegar me asomo a la tabla donde
comenzaré la jornada y veo dos o tres cebadas, así que me cambio más rápido que
Supermán, pero en este caso con los calzoncillos por dentro.
Se trata de una tabla de corrientes lentas, poca
profundidad y bastantes algas, que forman pasillos donde se sitúan las pintonas
a la espera de insectos. 
Las cebadas son muy discretas, prácticamente
sólo se les ve el lomo al subir, así que opto por una emergente, la Jarupiana
en este caso. Al segundo lance clavo una pequeña trucha. Mientras estoy secando
la mosca observo una cebada de lo que creo es otra trucha pequeña, pero al
ponerle la mosca la toma una trucha de unos 30cm, con una preciosa librea,
rojiza debido a la gran cantidad de cangrejos señal que pueblan estas aguas.
Continúo pescando al agua, pues dejaron de
cebarse, sacando algunas truchas de unos 15 cm. Al llegar a una zona de más
corriente, observo una gran cebada, pero la trucha rechaza una y otra vez mi
imitación. Cambio a la atractiva Jarupiana, la mosca que me ha dado más
capturas esta temporada. La toma a la primera, es una trucha que pasa del kilo,
pero tras una larga lucha consigue soltarse al enredarse entre las algas.
Salgo de la zona de tablas y entro en una más
típica del Cea: mucha cobertura vegetal, más profundidad y aguas bastante
lentas, en las que no vemos el fondo del cauce. Debido a la época en la que
estamos, el rio arrastra gran cantidad de hojas muertas, que a menudo impiden
la correcta deriva de la mosca y en ocasiones se enganchan en ésta. Aquí solo
observo una cebada, de una trucha de unos 35cm, que toma la atractiva sin
pensárselo y termina en la sacadera.
Paro a comer el bocadillo justo debajo del
castillo, sobre una preciosa poza. Es de tortilla campesina, con lomo y
chorizo…buenísima. La comparto con los cangrejos señal, que salen como locos de
sus escondrijos y se pelean por cada trozo. Allí sentado veo que una buena
trucha se ceba a unos metros y sin levantarme lanzo y atrapo una preciosa
trucha de más de 40 cm, que sería la más grande del día y también la última.
Al rato cambió el tiempo, levantándose un
fuerte viento del Norte, que además de dificultar los lances, hizo que
desapareciera toda actividad en superficie y que la superficie se llenara de
hojas. Di por finalizada la jornada en este precioso rio, que si bien es
difícil, pocas veces defrauda.

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