Desde su creación en el año 1958 Felmín, en el Torío, ha sido uno de los
destinos predilectos de muchos pescadores leoneses que se acercaban a
su orilla llamados  por la abundancia y finura de sus truchas.


Este
es uno de esos cotos que siempre están en las quinielas, uno de los
pocos que a día de hoy suelen agotar los permisos durante la elección
del sorteo y es por  dos buenas razones: tiene truchas e historia. No en
vano Felmín es uno de los primeros cotos desde 1958.  El Torio siempre
las tuvo y muy apreciadas tanto por la delicadeza y sabor de su carne
como por su tamaño y bravura. Ni que decir tiene que no es ni la sombra
de lo que fue, pero de lo que hay, es de lo mejor que podemos pescar.



Pero
la cosa no queda ahí, tanto el río como el entorno son paradisíacos.
Llegando desde León y antes de llegar al coto atravesamos las
espectaculares Hoces de Vegacervera a cuya sombra la cercana Cueva de
Valporquero vierte su caudal subterráneo al río. La mole de roca es una
esponja que filtra lentamente el agua, aportando al río en muchos puntos
manantiales de agua fresca y pura que dan al río su carácter. Este
discurrir ha formado algunos de los fenómenos como las  marmitas de
gigante, torca, dolinas y sumideros que podemos observar bajo las
enormes crestas calizas.



Una
vez las paredes liberan al río, en el trágicamente conocido Pozo del
Infierno, es donde comienza nuestra andadura. Un río con multitud de
refugios y aguas cristalinas con el fondo cubierto por bolos y enormes
rocas nos da la bienvenida como si hubiéramos entrado en el mismísimo
cielo de las truchas. El tamaño no es el fuerte de este coto, aunque a
buen seguro que tendremos muchas truchas terciadas a tiro que darán una
buena lucha.

El río tiene una anchura media de unos 15 m y
abundante vegetación en las orillas. Presenta la clásica disposición de
los ríos de cabecera  pero con la peculiaridad de sus enormes pozos y
sus afluentes subterráneos. Este es uno de los secretos de este coto y
los conocedores de estas corrientes guardan su secreto a buen recaudo,
ya que ofrecen a las truchas aguas más templadas en invierno y más
frescas en  verano, haciendo auténticos puntos calientes de pesca. Para
localizar estos puntos, bueno…tampoco voy a contarlo todo, jejeje


Progresando
por el río llegaremos a una larga tabla pegada a la carretera y a la
derecha, una de mis paradas fijas: una fuente se despeña brotando de la
misma roca. Nunca dejo de beber de este agua y llevarme unas botellas
para el día. A partir de aquí y hasta Felmín el río sigue la misma
secuencia y es bueno para todas las modalidades. El puente de este
pueblo es otra de mis paradas: sobre el aguas abajo podemos observar uno
de los pozos más visitados, ya que desde el cortado se podían observar
muy buenas truchas en el culero del pozo que pocas veces se dejaban
engañar y menos aún capturar. A un lado la carretera que nos lleva hasta
la entrada de las Cuevas de Valporquero, y al otro uno de los mejores
sitios para entrar a comer o refrescarse: el Restaurante El Pescador,
sobran los comentarios. Comida casera, buen precio y trato “montañés”,
me encanta.

Desde este puente hay como un km de río más cubierto y
más somero, esta es la parte menos pescada del coto y posiblemente la
más técnica y con menos peces. Una buena opción es dejar el coche en
Getino y bajar andando unos 500 m para después remontar el río. Este es
uno de los tramos que más me gustan del coto, y el pescar en la
desembocadura de Las Caldas una experiencia muy particular que podremos
igualar en muy pocos lugares.

Las Caldas son una emanación de
aguas ferruginosas con propiedades medicinales donde he visto tomar
baños desde que tengo memoria. Hace unos años cubrieron el pilón con una
moderna construcción de hormigón, que destrozó el encanto pero añadió
comodidad. Al otro lado de la carretera mi última parada recomendada: la
Venta de Getino o Amador, un lugar recomendable al máximo si te gustan
los sitios con historia y personalidad, 100% autóctono oiga!!

Desde
aquí hasta el límite superior el río se abre y la pesca resulta más
sencilla pero el río pierde parte de su personalidad. Los lances en
largo se hacen necesarios para evitar ser vistos y la vegetación no lo
impide como aguas abajo.


La
fauna en este tramo es rica y variada, si bien las rocas dan cobijo a
muchos tricópteros y plecópteros que aquí son presa más frecuente de las
truchas que en  las tablas de llanura y bajeras. Buenas opciones para
comenzar la temporada son las ninfas de faisán y oreja de liebre en
tamaños grandes 10-12 y los perdigones marrones y olivas. En superficie
los pardones, olivas y los Barones serán los más eficaces junto con el
pitillo. Nada que resaltar en cuanto a las ahogadas para principios,
excepto el estar atentos a la eclosión de la sarnosa, ya que produce
gran actividad cuando se produce. El aviso nos lo dará la amarilla
prosarnosa cuando comience a dar peces…


Llegada
la primavera las eclosiones son muy complejas, pero resumiendo podemos
quedarnos con las efémeras carnes, salmones y las olivas claras que nos
acompañarán hasta final de temporada.  Más adelante, en junio, los
tricos serán sin duda los reyes. El de pavo real, saltica y patosa son
mis favoritos junto con el de ciervo con indicador para las corrientes
si es que queda alguna para este mes. Las ahogadas de entretiempo darán
buen resultado, pero no olvidar nunca poner alguna mosca negra y alguna
verde clara, verdín o limón hasta final de campaña. El butano flor de
escoba es siempre mi rastro en este coto.


Por último dos apuntes más:

  • Los
    serenos durante el verano pueden ser memorables, pero suele soplar
    siempre viento norte al atardecer. Buscad posturas a cubierto del aire
    por si este llega.
  • Durante el estío una minicentral en
    Cármenes hace bajar y subir el caudal varias veces al día cuando le da
    la gana, si os toca el día a sufrir en el paraíso.

Espero que disfrutéis en uno de mis cotos favoritos y quién sabe, con suerte quizás nos veamos en el río.

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